Día del Escritor

Día del Escritor

Extiendo un cálido saludo a todos y cada uno de los escritores en su día, quienes recurren al arte de la escritura esclavos de esa necesidad de la creación, como parte de un ejercicio que nos enriquece en su recorrido infinito por los pasillos del alma donde lo vivido se transforma en elemento constitutivo de la palabras en conjunto con la unicidad del ser que nos conforma.

Respeto todos los motivos que nos empujan a escribir, en cualquier forma que suceda, prosa o poesía, es indistinto ese andamiaje que nos detiene pegados a la escritura, lo sustancial está en lo que nosotros somos capaces de poner dentro como arquitectos de la palabra, construyendo la estructura textual para que al llegar al otro tenga la contundencia necesaria y el sabor preciso, esa combinación de materialidad y belleza.

Años me llevó encontrar el verdadero sentido de mis palabras, hasta que por fin logré saber que debe siempre estar al servicio de los que más la necesitan, ser instrumento de justicia, escudo de la humildad; entendí que jamás puede arroparse de halagos que resalten condiciones estéticas vacías y que en realidad la envilecen si no caminan a la par del Pueblo, que la nutre y la contiene.

Transité también por esos pasillos onanistas de la egolatría insatisfecha que solo intenta su saciedad ahondando en la banalidad del aplauso y el reconocimiento, situado a espaldas de una realidad que nos interpela aviesamente con el contraste manifiesto de muchos hermanos de nuestra patria, mientras a nosotros nos regocija el placer decorativo de la creación.

Para resumirlo, escojo a este colosal escritor, Pablo Neruda (1904-1973) que en su “Odas Elementales” (1954) escribe el poema: El Hombre Invisible; de él extraigo este pedacito inicial para reflejar en sus palabras lo que intento expresar sobre el escritor y su tiempo.

Yo me río,/me sonrío/de los viejos poetas,/yo adoro toda/la poesía escrita,/todo el rocío,/luna, diamante, gota/de plata sumergida,/que fue mi antiguo hermano,/ agregando a la rosa,/pero/me sonrío/siempre dicen’ yo’ “/a cada paso/les /sucede algo,/es siempre “yo”,/por las calles/sólo ellos andan/o la, dulce que aman,/nadie más,/ no pasan pescadores,/ ni libreros,/no pasan albañiles,/ nadie se cae/ de un andamio, nadie sufre,/ nadie ama,/sólo mi pobre hermano, /el poeta,/a él le pasan/ todas las cosas/ y a su dulce querida, nadie vive /sino él solo, nadie llora de hambre / o de ira, /nadie sufre en sus versos/ porque no puede /pagar el alquiler,/ a nadie en poesía /echan a la calle/ con camas y con sillas/ y en las fábricas /tampoco pasa nada, /no pasa nada,/

Abrazos a todos, con absoluto respeto ya que cada uno transita una búsqueda personal e intransferible, de la que no podemos apartarnos. Brindo por los motivos que nos empujan a escribir, cuando nacen de manera fehaciente como fruto de la creación impostergable, despojada de especulaciones, sin temer a las adjetivaciones posteriores que intenten cifrar su vuelo.