El color de la traición

El color de la traición

No nos dejemos llevar por el color de su piel... es difícil hallar argumentos que justifiquen las acciones de una persona que reniega de sus raíces, de sus orígenes y lucha contra los suyos, los de su sangre, para favorecer al gringo que solo busca someterlos.

No hay en su piel motivos para que no sepa de dónde viene, en su espejo, cada día, recibe información precisa sobre la sangre que la recorre, que, por supuesto, lejos está de ser blanca como la de los conquistadores, más bien tiene rasgos de los conquistados.

Pero al provenir de una casta dominante, al hacerse de recursos, estudios y contactos, se sienten iguales a quienes explotaron durante siglos a los de su raza, a los originarios, a sus hermanos, que por primera vez tuvieron en Evo, a uno de los suyos presidiendo el país.

No es una guerra de colores, es un choque de concepciones del mundo, de cosmogonías, de paradigmas que se contraponen para interpretar la realidad, donde para ella y los suyos solo importa el dinero y del otro lado, conciben al hombre como centralidad de sus decisiones.

Jeanine Áñez Chávez, encarna la frustración democrática de una élite que se desentiende de la excelente actualidad política y económica de Bolivia, para acometer con su odio y derrocar un gobierno constitucional, elegido por el voto popular de su pueblo.

Bolivia, fue una nueva víctima del accionar mafioso y conspirativo del país del norte, como quisieron hacerlo con Maduro en Venezuela, como lo hicieron con Dilma en Brasil y Lugo en Paraguay, operan en toda la región, desestabilizando gobiernos populares y amparando tiranías económicas como la de Macri y Piñera.

En el petróleo y el litio tenemos 2 motivos fundamentales para que entendamos la cacería brutal que desató el derrocamiento de Evo Morales, dando lugar a una feroz cacería racista y asesina pergeñada por el poder económico internacional con la única finalidad de continuar con la expoliación de los recursos de nuestra región.