En la trinchera de las palabras

En la trinchera de las palabras

Por Raúl E. Valobra

Alguno creerá que me gusta publicar sobre algunos temas políticos, ser recurrentes en los reclamos o en las reivindicaciones, hacer denuncias para descubrir mentiras, conspiraciones u operaciones de prensa; y en verdad no es así.

Sucede que existen responsabilidades y compromisos sociales tácitos, sobre todo para quienes no sabemos mirar para los costados cuando la verdad apremia y se nos exigen gestos de entereza para poner de manifiesto las convicciones.

Y aquellos que somos hijos de la educación pública, que tuvimos la fortuna de acceder a un título universitario, tenemos el deber de defender un sistema de gobierno que privilegie y garantice los derechos inalienables de cada persona.

Seguro que nuestra situación personal puede ser más cómoda que la de muchos otros, pero si eso fuese un motivo para callar me darían repugnancia todos los espejos, porque no existe peor defecto en las personas que adolecer de empatía.

Por eso es que al observar determinadas cuestiones, me veo en la necesidad interior de expresarme al respecto, de ofrecer otra posición si pienso que se están vulnerando derechos, engañándolos con noticias falsas que ocultan intereses inconfesables.

Por ejemplo, debiéramos saber y estar alerta con el nuevo plan de la derecha, descubierto en documento desclasificados y que lo sitúan a Macri y Vargas Llosas entre otros, ideando, pergeñando cómo desbaratar aquello que ellos denominan populismo.

Volverán por nosotros, no los frena la pandemia ni la muerte cuando hay dinero en juego, su gran motivo de lucha, la perpetuidad del sometimiento, la consecución de un sistema injusto que concentra ricos y pobres en sus extremos, en puja constante.

Y luego, cómo callar el papel preponderante de las grandes corporaciones mediáticas que destruyen el cerebro de las personas, inyectándolas con su veneno para transformarlos en esclavos y luego utilizarlos en los negocios mafiosos que participan.

Es menester alzar la voz, despertar a quienes, víctimas de su inocencia, caen bajo las garras de la manipulación aviesa que se establece en una relación asimétrica de poder, entre los medios hegemónicos y usuarios carentes de una preparación adecuada.

Claro, que sería mejor hablar cada día de cosas más divertidas, que nos distraigan un poco, que nos contagien buen humor, pero el tiempo ser torna irrecuperable si dejamos que avance la mentira sin salir a combatirla, a neutralizarla con la verdad.

Por eso es que algunos tenemos que cumplir con esta tarea, una misión que nos enaltece, luego está en ustedes el destino que quieran darle a mi mensaje, para que llegue a destino, se haga carne y siembre conciencia, por eso es que sigo en esta trinchera.