Esa maldita tentación llamado PETRÓLEO
Lic. Raúl E. Valobra
Asistir como espectadores al terrorífico intervencionismo imperialista sobre Venezuela, con la arbitraria detención y secuestro de Nicolás Maduro, en un hecho inaudito que conmociona a todos los ciudadanos del mundo que crecimos idealizando utopías referidas a la libertad de los pueblos, en este contexto tal accionar terrorista se corresponde con el fin de una era para la humanidad, donde las naciones se rigen en general por principios y derechos regulados por determinadas instituciones.
Nadie con una mediana capacidad de razonamiento para realizar una lectura de la realidad puede escapar a la verdadera razón que subyace detrás de esta emboscada a la democracia venezolana, adueñarse del PETRÓLEO, sin que importe, para alcanzar sus propósitos, violar de manera flagrante el principio sagrado de soberanía y autodeterminación de los pueblos, piedra fundamental que sostiene y asegura la convivencia de las naciones.
Detrás de esta invasión terrorista a un país soberano no existe un solo motivo altruista, ni alberga intenciones que propendan a mejorar las condiciones de vida del pueblo venezolano, el imperio busca garantizar la expoliación exclusiva de los recursos petroleros, en detrimento de los siglos que nos anteceden el materia de derecho internacional, como en Gaza, el derecho que prevalece está sostenido por el poder de las armas, la capacidad de daño y el espíritu belicista.
La comunidad internacional proclamó su repudio a esta retrograda decisión imperialista de intervencionismo ilegal, Latinoamérica no puede ser considerado el patio trasero de este maniático, que pretende someter a las economías del subcontinente, para aplastar todo intento de desarrollo económico por parte de los bloques regionales, que amenacen con fortalecerse para negociar desde otra posición y no ya desde la sumisión absoluta, como la que profesa Milei.
Solo él, Javier Milei, tan detestable, cruel y descerebrado como Trump, celebró en las redes sociales, el derrocamiento de Maduro, en un hecho que lo define, ya que nadie, en su sano juicio, puede expresarse en contra de la paz y apoyar una operación militar en un país hermano, sobre todo representando la investidura presidencial de la República Argentina, que otrora fue el motor de la liberación del yugo opresor del subcontinente, cuando dejamos de ser colonias.
Todos aquellos que privilegiamos la paz, nos sentimos estafados por este momento de la humanidad, da asco la falsa moral del imperio, que vulnera un país soberano para derrocar a Nicolás Maduro, bajo la acusación de ser un “dictador” y “narcotraficante” pero a su vez celebra días antes de esta temeraria incursión en Venezuela, recibía a Netanyahu, el mayor genocida del planeta, mientras algunas asquerosas larvas descerebradas festejan en algunas plazas y en las redes, sin poder medir la gravedad de los sucesos.













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