La Paradoja de los Resentimientos

La Paradoja de los Resentimientos

Raúl E. Valobra

(16/05/16)

Cuando observás la inmensa cantidad de comentarios viajeros por las redes sociales, que lleva y trae entre sus letras tanto sentido de pertenencia, aún de manera inconsciente sin que sea la intención ponerlo de relieve pero que indudablemente subyace en el contenido.

Entonces, las expresiones suelen ser catalogadas de acuerdo a esa procedencia social y/o política que las rotula para ligarlas a determinado campo semántico que define su trayecto en las redes, con esa marca invisible que traslada en su mensaje.

En las redes sociales existen muchas expresiones llenas de odio, demasiadas; vacías de contenido, descalificadoras, que solo califica a quien la origina más que al destinatario.

Luego, observo también que si se lanzan frases los de arriba hacia los abajo, por denominar groseramente una escala con vector económico, a estas se las encasilla dentro del odio de los privilegios. Si recorren el sentido inverso se las tilda de resentimientos.

Ahora ¿no es resentimiento? que aquel que tiene, que posee, que disfruta, reniegue por los derechos ampliados de aquellos que vienen del olvido, que se suman a la patria en carácter de sujetos de derechos, ciudadanos reconocidos por el Estado.

¿No es resentimiento? que aquellos que gozan de todas las bondades de la vida nieguen esa posibilidad a sus compatriotas, que vienen siendo sometidos estructuralmente y que recién hace unos años recuperan la virtud de los beneficios de la inclusión que otros gobiernos le negaron.

¿No es resentimiento? que se los estigmatice de tal manera solo por estar encuadrados dentro de una condición social y económica que los arrastra con ese vórtice insaciable que devora cientos de miles de hogares argentinos.

¿No es peor el resentimiento? de aquellos que gozando de los privilegios del sistema ven con espanto que esos pobres, de cara sucia y andrajosos; sin dientes y pelos pajosos; que esos hermanos pueden levantar la vista y mirar de frente porque se saben reconocidos por una patria que siempre les dio la espalda, porque gracias a las políticas inclusivas de los últimos 12 años se saben contenidos entre los brazos del Estado.

La política dirime hoy esta disyuntiva: gobernar para el pueblo o gobernar contra el pueblo; nadie puede estar ajeno a esta circunstancia ni sentirse liberado de las consecuencias de lo que decida. En el medio se juegan todos los conflictos de intereses que maquillan una realidad que es el producto de nuestro quehacer colectivo oponiéndose a quienes intentan someternos para su beneficio.