LOS ESCLAVOS DEL CINISMO

LOS ESCLAVOS DEL CINISMO

Menos de 100, ni siquiera 100, ni a 100 llegaron los que votan y si pierden deciden no acatar el resultado electoral, los que salen a manifestarse en contra del gobierno popular, expresando su rancio desprecio por las instituciones democráticas de la República.

Esta gente que aceptó con placer el desgobierno frustrante de Macri, mientras se degradaba la salud, la educación, la economía, la industria, el empleo, esta misma gente hoy sale a reclamar vaya a saber por qué, en una penosa demostración de intolerancia.

Se gana una elección para gobernar, para decidir, transformar, en definitiva esa es la lógica fundante de la política, lograr mejores condiciones de vida para el conjunto, jamás puede ser herramienta para la conservación de privilegios de unos pocos.

Aquellos que no entienden el juego de este sistema salen a manifestar su feroz y antidemocrático espíritu golpista, creyendo que podrán torcer la decisión de un gobierno que viene de heredar un país devastado por una banda de ladrones, ruines y mafiosos.

Parte de ellos, sus acólitos, salieron ayer a ensayar su bronca, eso sí, envueltos en banderas argentinas, por favor, en un vaciamiento del sentido sublime que encierra nuestro emblema patrio y que de ser posible jamás elegiría estar allí, sobre esas espaldas infames.

Son así de cínicos, hablan de patria pero apoyan a un gobierno que la entregó al capital económico; hablan de justicia pero votan a un gobierno que la utilizó como un instrumento más de la corrupción mafiosa; hablan de la Salud pero defienden a un gobierno que ni ministerio tenía.

Son perversos, demasiado, hablan de la situación de la economía y avalan a quienes destruyeron la mayor cantidad industrias, empresas, pymes comercios de nuestra historia y produjeron un atroz desempleo, con un endeudamiento que nos dejó en default técnico.

Tan canallas que insultan, acusan, discriminan y estigmatizan pero si les hacés ver lo que son, si los ponés frente al espejo de sus contradicciones flagrantes, si les hacés notar sus miserias humanas, enseguida te nombran la grieta, se escudan en ese axioma tan gastado como incierto.

Eso sí, repito, se envuelven en la bandera, como si lo que hicieran representara los intereses del país y no sea apenas un brote conjunto de fobias, frustraciones y encierro que eclosionan en un hermoso día de feriado, tan agradable para soltar ese cúmulo de cinismo que los recubre.