Principios de un Peronismo con Grandeza

Principios de un Peronismo con Grandeza

El Peronismo suele generar emergentes de contingencia que ocupan la centralidad de la escena política. Algunos, saben utilizar ese momento para la construcción de políticas sólidas defendiendo las banderas del Peronismo, aunque entre dientes renieguen de todo lo que lo conforma y decidan irse luego o son expulsados por deslealtades manifiestas. Otros, muchos más pragmáticos, solo buscan el sello que garantice el caudal electoral, se nuclean dentro o en fuerzas subsidiarias que abrevan en el carácter popular del Peronismo pero de Peronistas no tienen ni el carnet ya que con su lógica troyana son funcionales a los enemigos del Pueblo.

Todavía falta que resurjan los Peronistas de principios y valores, que no se vayan o vuelvan de acuerdo a las circunstancias, que sepan estar y permanecer para hacer del partido una herramienta insoslayable para la transformación, con cercanía a los problemas de la gente, más allá de las urgencias electorales en las que siempre se golpea las manos de los vecinos o afiliados reclamándole el voto. El Peronismo no puede interrumpir su contacto con el Pueblo por ningún capricho dirigencial.

El Peronismo no puede distraerse en luchas estériles de carácter personalistas que enfrenten, lo fragmenten y reduzcan sus posibilidades de gobernabilidad, debe sumar a todos aquellos que pueden demostrar su lealtad y su fidelidad a la causa, más aún en la derrota. Cualquier, distracción de los objetivos primarios significa necesidades insatisfechas en los más necesitados, el Peronismo debe ser efectivo y contundente cuando se trata de combatir los flagelos estructurales de la pobreza.

El Peronismo llena los discursos de muchos actores políticos de la realidad que luego se diluyen ante lo insostenible de semejante legado, porque el verdadero Peronista porta su herencia doctrinaria con orgullo y la interpreta en su vida. Sin embrago, el falso Peronista la arrastra como cadenas y no porque pueda interpretar de otra manera el advenimiento de un nuevo siglo con un escenario que nada tiene que ver con aquel octubre del 45, si no porque reniega de sus fundamentos: Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política.

Sin rebeldías no hay Peronismo; sin Revolución no hay Peronismo; sin fuego no hay Peronismo; sin sensibilidad no hay Peronismo. Se debe ser orgánico pero no se debe confundir la obediencia con la obsecuencia ni la genuflexión. El Peronista no puede renunciar ni descartar las 20 verdades que lo conforman; y los motivos deben ser la lucha por eliminar las asimetrías sociales con que el sistema condena la pobreza.

Que alguna vez los que están solo dejen de pensar en su perpetuación y busquen la construcción colectiva que más nos enriquezca, amplia, con los mejores elementos, sin mediocridades ni mezquindades en la convocatoria, porque hasta que no llegue ese día en que tengamos a los mejores hombres y mujeres con la posibilidad cierta de decidir, solo estaremos formando cuadros de contingencia sin pensar en la verdadera transformación del futuro.

Por la Patria que nos merecemos, transformemos al Peronismo en nuestra bandera para seguir luchando.