Rolando Ponce, a modo de despedida

Rolando Ponce, a modo de despedida

 Cuando mueren hombres como Rolando Ponce, todo nos parece demasiado poco para decir y rendirle un merecido homenaje, porque hombres como él nacen pocos, solo unos pocos a lo largo de la vida de una institución, por eso es que se lo debe despedir y recordar con todos los adjetivos que uno sea capaz de hilvanar para tejer un discurso que lo abarque en toda su dimensión.

Sencillo, humilde, laborioso, incansable, con ese carácter paternalista que le nacía en el alma, con la sonrisa tatuada en su rostro, con las palabras justas, así anduvo cada día de su estancia en el Club Cañuelas, lo sé porque lo viví, porque fui jugador de sus equipos y supe de su bonhomía inquebrantable, cuando uno es joven y todavía no alcanza a entender muchas cosas de la vida.

Por ejemplo no entiende porque un hombre le dedica el tiempo libre de su vida a una institución, a las personas que habitan esa institución y lo hace sin pedir nada a cambio, sin otra recompensa que la satisfacción humana de estar en paz consigo mismo, porque así fue Rolando, un guerrero en silencio, un educador sin título, porque tampoco le hizo falta un título para enseñarnos a vivir y cómo vivir.

Se me agolpan las palabras y los recuerdos, fue nuestro técnico en el último equipo de la liga de la que participó el Cañuelas, qué nenes, Lalo Colombo, Carlitos Chiappe, Rubén Godoy, El “Negro” Espina y algunos más que no recuerdo en este momento, pero si recuerdo que me decía “vos Raúl sos el comodín”, porque solía alternar de 3 o de 11 según me necesitara, lo feliz que fuimos con ese equipo.

Repito, no es justo que personas con la estatura humana de Rolando se marchen así nomás, en el anonimato, sin que le rindamos el tributo que se merecen, por eso alzo mi voz, por eso me detengo en la tristeza de esta despedida y en la dicha de haber sabido valorar a este hombre, para mirarlo con profunda admiración, para reconocerlo como un “padre” alternativo que nos regalaba el destino.

El inapelable veredicto de la vejez suele no ser grato con algunos seres humanos, aunque solo unos pocos se van de pie y con entereza, así partió Rolando dejando atrás su herencia, un legado que debemos sostener y propagar, para que su lucha tenga sentido, para que su vocación solidaria alcance respuestas en la sociedad, para que sus semillas de amor echen raíces en el Cañuelas, en Cañuelas.

Buen Viaje querido Rolando. Descansa en paz.