“El Precio de la Verdad”

“El Precio de la Verdad”

Muchas veces escuchamos que la verdad no se compra ni se vende, la verdad es inamovible, no tiene corrimientos, más allá de que se modifique la interpretación que de ella se hace quienes la observan y cómo se posiciona a través de la circulación de discursos dominantes en el seno de la sociedad que produce su legitimidad.

La verdad es la piedra fundamental del Periodismo, sobre ella se erige la profesión, aunque existan matices que puedan situar a las argumentaciones e interpretaciones en sitios diametralmente opuestos desde su génesis, lo interesante es que tengan la pureza de la entrega sin intencionalidades mezquinas que la condicionen para fines ocultos que responden a otros intereses y que nada tienen que ver con la pretensión de verdad.

El avance sobre el campo de acción periodística y la utilización perversa de su influencia persuasiva por parte de grupos de poder ha cercenado la primigenia búsqueda de verdad como panacea épica que envolvía a la profesión en un manto impoluto de dignidad; hoy solo se piensa en un efecto inmediato del discurso sobre la masa y en la efectividad de lo que se proclama más que en la veracidad de lo que dice.

La verdad es irreductible a otros intereses, es en sí misma sin recurrir a argumentos subsidiarios, su arquitectura no asiste al encuentro clandestino con elementos circunstanciales, es en el tiempo más allá de que en derredor todo pueda ser derruido y levantado al antojo del paradigma dominante que determina qué discurso se ajusta mejor a su interpretación de la verdad.

El periodismo es invadido, abordado por otras fuerzas y los periodistas se encuentran sometidos a propósitos encriptados dentro de cada discurso, muchas veces se transforman en colaboracionistas por afinidad intelectual y en otras son mercenarios por conveniencia económica; algunos se revelan y luchan por su independencia de criterios, por defender y agitar las banderas de sus ideales, que equivocados o no se oponen a la subasta cotidiana que el mercado.

En esta era hiper tecnologizada el show se impone a la verdad, el escándalo de la obscenidad a la prudencia de la noticia, la acusación a la evaluación, la mentira pasa desapercibida y camina junto a la verdad; la preparación cede al oportunismo, la infamia eclipsa al prestigio y cualquier chismoso siente que hace periodismo; entre tantas cosas que suceden, la gente sigue siendo esclava del medio que consume si no entiende este conflicto de intereses.

¿Es bueno celebrar hoy el día del Periodista? En medio del artículo 85 firmado por Macri en la ley de blanqueo de capitales en el que se prevé prisión efectiva al que revele nombres; en medio de la censura encubierta, la persecución ideológica, el cierre de espacios de reflexión, la caída de la Ley de Medios, la capitulación de la AFSCA, el premio a Magnetto por “ la Libertad de Expresión”, el Martín Fierro de oro a Lanata por su labor periodística, el apagón informativo; lo bueno es aclarar que hacer buen periodismo no excluye a los que portan ideologías sino a los que trafican mentiras al “precio de la Verdad”.

(año 2016)