La insoportable levedad del ser o los portadores del pensamiento "naif" de Cañuelas
Qué patético es observar en las redes sociales la apología al pensamiento naif, trivial o tibio, les aseguro que, a pesar de intentar ser respetuoso con la diversidad, pocas cosas me ponen los pelos de punta como leerlos diciendo: "en qué se convirtió Cañuelas", "quiero volver al Cañuelas de antes", "qué está pasando en mi querida Cañuelas".
¿Esta gente sabrá que hace 30 años aproximadamente el mundo dejó de ser el mismo, tendrá noción de las variables económicas, políticas, sociales y culturales que transformaron al planeta en una “aldea global”, donde todo lo bueno y lo malo se traslada de país en país con la velocidad de un clic, se enteraron, además, de la irrupción de la droga como factor determinante sometimiento y exterminio?
Quieren vivir en el Cañuelas de los 80, y sí, son tan ingenuos, tan idílicos en sus apreciaciones, viven con esa mirada inocente pero perversa a la vez, porque en esa apreciación esconden su veneno, porque ese Cañuelas no existe ni puede existir más, sobre todo porque el mundo de los 80, lógicamente desapareció, porque vivimos a 60 km de la capital política del país y porque nos atraviesa el más importante nudo vial de la región y porque en esos años el partido tenía menos de 30 mil habitantes, comparado con los más de 70 mil que cuenta hoy.
Parece inverosímil tener que argumentar sobre esto, pero es tan ridículo verlos escribir con esa estúpida añoranza, creyendo que por eso y con eso accionamos en contra de los flagelos que azotan esta modernidad, sobre todo, en gobiernos con políticas recesivas de exclusión, como el de la Argentina de hoy, con índices de pobreza y desempleo alarmantes, con desamparo, destrato y discursos de odio que calan hondo en la sociedad.
Ante cualquier hecho de inseguridad, apelan a esas frases célebres, extraídas del manual del infantilismo neuronal atrofiante, buscando receptores que lo tomen como bandera política para desestabilizar, como si la inseguridad no estuviera también atravesada a nivel nacional por la economía, la política y la educación, entre otras cosas; y se intente endilgar cada hecho de inseguridad, leve o fatal, a “la desidia de la intendenta”, la que más dinero en equipamiento y miembros de la fuerza ha invertido en esta área.
Es tan primario ese razonamiento, choca contra una realidad abrumadora de acciones de gobierno que dan por tierra con esa teoría conspirativa, que les permite seguir abrigando la esperanza de un retorno a los 80, creyendo que esto que nos pasa, nos pasa solo a nosotros, aún siendo la comuna con mayor pujanza y desarrollo de la provincia, como si mágicamente eso que castiga a las sociedades del mundo, en Cañuelas no tiene que estar, porque están ellos haciendo fuerza con sus frases inocentes.
Cañuelas también tiene lo suyo: ladrones, estafadores, dealers, narcos, sinvergüenzas, proxenetas, prostitutas, periodistas, opinologos, pero no dejemos de ver que, como contrapartida, hay mucha gente de trabajo y sacrificio que día a día construye la sociedad en la que queremos vivir, más allá de aquello que viene adosado a lo que llamamos en su momento “progreso” y empezó a cambiar por asfalto las calles de barro y dejamos de ser Pueblo para ser Ciudad, con lo bueno y con lo malo.













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