Reflexión de Domingo

Reflexión de Domingo

Por Raúl E. Valobra

Algunos confunden necesidad laboral con proyecto político y distan demasiado uno del otro, la necesidad suele tener cara de hereje y por eso es entendible toda búsqueda de sustento económico por parte de las personas pero eso no da la categoría de proyecto colectivo a un espacio.

El vil metal actúa como un gran disciplinador interno, un efecto mordaza que calla toda crítica, que finge la calma sobre la superficie aunque por debajo y entre dientes todos sientan la bronca y la impotencia de no ser escuchados ni tenidos en cuenta por quienese debieran escuchar.

Ahora, si los funcionarios, dirigentes y militantes no critican, debaten, enriquecen el proyecto, lo dan vuelta y lo vuelven a poner de pie, lo desarman y lo arman, convencidos de sus alcances, porque en definitiva si no cuál es el rol de ellos dentro de ese espacio, más allá de la saciedad de los recursos económicos.

Es necesario fortalecer el diálogo interno, diálogo es hablar y escuchar, no creer que nadie encarna discursos mesiánicos, que pueden estar sobre los demás, la soberbia termina en el encapsulamiento y el encapsulamiento aleja de la realidad, y no ver la realidad lleva a la derrota, 4 o 5 iluminados no pueden sentirse intérpretes de todo un movimiento popular.

Cada voz debe ser protagonista, merece ser respetada y tenida en cuenta, es la única manera de dejar de disfrazar con carácter colectivo lo que en verdad es una construcción personalista, para ello se necesita la grandeza de abrir el juego y despojarse de las mezquindades, propias del poder, como también se necesita coraje para reclamar ese derecho.

Todos somos responsables, todos tenemos la obligación de aportar ideas, de sumar, y sumar no solo es callar y aplaudir cuando hay que aplaudir, también es plantear las disidencias y otorgarle al espacio la tan “mencionada” diversidad y pluralidad, que lo constituye, al menos en los papeles, sin esa cuota indelegable de participación el futuro es sombrío.