La Otra Verdad
El homicidio de Kim con sus escasos 7 años a manos de dos jóvenes, de 14 y 17 años, nos interpela con toda la violencia de un conmocionante hecho de inseguridad que sacude todas las estructuras de la sociedad y saca a relucir lo peor y lo mejor de muchos protagonistas de la realidad.
No hay mucho para agregar luego de las cientos de horas que le dedicaron los medios de comunicación, algunos para informar con responsabilidad, otros operando políticamente, respondiendo a las vinculaciones e intereses que se tejen con el poder y desde el poder en algunos medios.
Ahora, lejos de pretender justificar lo absurdo de lo injustificable, todos nos conmovemos ante la pérdida irreparable de una vida a mano de la delincuencia pero te invito a reflexionar juntos, qué te produce ver a miles de niños comiendo de la basura, durmiendo en la calle y apuñalados de frío.
Qué te provoca, verlos revolver los tarros de las calles, o apilados como moscas en la CEAMSE para disfrutar del manjar de nuestros deshechos, verlos descalzos, sin escolarizar, sin acceso a las condiciones mínimas de dignidad, sin haber hecho nada ellos para merecer la cruz de un destino despiadado.
Luego, es fácil acometer contra ellos, olvidar la incidencia de las drogas, dejar que el odio impregne los discursos, sin embargo, políticos y empresarios, protegidos por el blindaje mediático, que los tratan como escoria de la sociedad, son los mismos que lucraron con el futuro de millones de pobres.
Es fácil ver lo evidente, pero más difícil es analizar y comprender aquello que se intenta ocultar, desde donde se condena la pobreza, como si se tratara de una gustosa elección de cada una de esas personas, que terminan siendo víctimas de la crueldad de un sistema injusto, del que no saben cómo escapar.













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