EL DOLOR EN TIEMPOS DE CARANCHOS
Lic. Raúl E. Valobra
Tenía pensado no hablar y ni opinar sobre el lamentable suceso en el que perdió la vida Franco (De Pauli) de manera artera, injusta y cobarde; no quería hacerlo en memoria de su persona, respetando el duelo sus seres queridos, sobre todo honrando el afecto de quienes conozco desde hace años, manteniendo con ellos fecundos lazos de amistad.
Ocurre que hay tanta lacra de tan baja calaña, que me urge por un instante tomar esta herramienta de la escritura y tratar de contrarrestar toda la inmundicia de los caranchos de vuelo bajo, que al acecho y sin siquiera esperar un tiempo prudencial desatan sus ansias carroñeras para saciarse, mientras la sociedad aún está conmovida despidiendo a Franco.
Esgrimir que esto obedece a un “hecho de inseguridad” es, a toda vista, de una “hijaputez” mayúscula que solo habla de quienes se escudan detrás de una desgracia para sacar ventajas, en una utilización indigna de un hecho luctuoso que de ningún modo está asociado al delito, ni a la planificación de esquemas de prevención, ya que nadie tenía pensado o previsto que se originara tal multitudinaria manifestación por el partido.
Mucho menos estaba previsto que aflore lo peor de la convivencia social en una celebración que no había tenido estos antecedentes en el 2022, pero es cierto, los tiempos actuales difieren de aquel, se trata de otra sociedad, con otro nivel de violencia, verbal y física, sobre todo con una desigualdad social que genera tensiones irreconciliables, que comienza con un modelo económico excluyente, continúa con un desempleo alarmante y concluye con el abuso de la crueldad como agente disciplinador.
Qué básico y primario son los análisis que desembocan en el aumento de la inseguridad, sin atreverse a preguntarse qué cosas sucedieron en este país para que esto suceda, que rol debe cumplir la familia y la escuela para contribuir a educar con valores, lógicamente, primero debemos aceptar que muchos de esos jóvenes cargados de violencia son hambreados, marginados y estigmatizados por la otra mitad que la diagnostica.
A esos celebres opinadores de tragedias, algunas hasta recurriendo a la IA para esmerar su hipocresía, queriendo calzarse nuevamente en el personaje de la buena samaritana, pero desbordada de maldad e incitando a la violencia detrás un empalagoso lenguaje, vacío de sentimientos nobles, demostrando que el oportunismo está siempre a mano de los mediocres para lograr sus propósitos.
Sin un sinceramiento absoluto de todas las instituciones intermedias y sus dirigentes, sumados a los actores políticos, jamás vamos a destrabar estos insoslayables conflictos sociales que desnudan las problemáticas que subyacen en el interior de la sociedad y que definen la convivencia y que no solo están cuando un ciudadano es asesinado, también ocurren a diario, con el hambre, la miseria, el desamparo y el olvido de un Estado ausente que se acerca para imponer su dogma de violencia.
Es muy triste despedir a Franco, un vecino ejemplar, su familia debe saber en medio del dolor, que nos dejó un ser humano entrañable, desbordado de bondad y buenos valores; a los otros, a los que lo invocaron para desangrar sus miserias, a esos los repudio, representan todo lo que no queremos en esta sociedad, acá se necesita empatía, no auscultar la realidad desde una lejanía indolente, que expresa la falta de compromiso con una participación activa que nos permita mejorar, garantizando igualdad de oportunidades para cada uno de nosotros.













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