De Mordisquito a Rosquita

De Mordisquito a Rosquita

Es uno de sus días predilectos. Esos en los que se luce, en los que saca a relucir toda su chapa y que le da nombre: "ROSQUITA". Su vida política se limita a eso, su capacidad intelectual se limita a eso a "rosquear", a extenderse como un felpudo a los pies de sus referentes y mostrarse rendido y adulador, hasta el repulsivo punto de caer empalagoso.

 

"Rosquita", intenta confundirse entre la militancia, se abraza a ellos, es el más característico de los militantes, concurrente y puntual, mirá si va a perder una oportunidad de asistir a cualquier encuentro donde pueda aplicar su compulsión sintomática de “rosquear”, de abordar las diversas problemáticas mundiales de la política para concluir en lisonjear a su líder, porque si algo le sobra es competencia cultural para hablar de lo que sea.

 

En apariencia son buenos, no tienen maldad, pero en el fondo son parte de la decadencia política de la actualidad, son funcionales a las construcciones monolíticas que dañan la pluralidad de voces, tan necesarias para desarrollar proyectos políticos sólidos, sustentables que redunden en mejores instituciones democráticas, donde todos tengan el interés y la necesidad de participar de esa dinámica superadora.

 

Pero “Rosquita” se agencia con sus pares para endiosar y subir a un pedestal a su líder, aunque peque de ridículo y genuflexo, eso no cuenta, ser servil es su especialidad manifiesta, respira prosternación y obsecuencia, no sabe del pensamiento crítico al que recurre un verdadero militante, ni sabe de la alteridad o la diversidad, el solo recurre a su lógica primitiva, “rosquear”.

 

“Rosquita” es hábil, se adentra en lo popular, se sumerge en las multitudes y navega por las redes con destreza y elegancia, no sobresale pero no desentona, la eficacia de su “tarea” se basa en la credibilidad, por eso lee y se instruye a diario, aunque luego de todo lo leído no retenga nada para su existencia y siga aferrado a ese líder que necesita que él haga la tarea sucia del desgaste a los demás.

 

 “Rosquita” es uno de los males endémicos de la política, pululan en los pasillos partidarios, ofreciendo sus inestimables servicios, son parte de ese engranaje demoledor que tritura la frescura que adolece la política y que genera un microclima ideal para que en su interior sobrevivan hasta los dinosaurios, que algunos dan por extintos, pero no, algunos siguen vivos.