EL ARTE NAIF DE ALGUNOS POLÍTICOS

EL ARTE NAIF DE ALGUNOS POLÍTICOS

El arte naif de algunos políticos, tibios por naturaleza, cultivando trivialidades, zonceras, cositas ingenuas, eso sí: mostrando siempre el adoctrinamiento, el vasallaje irrestricto como primera condición o tal vez como la única que pueden exhibir, desvergonzadamente, porque se jactan de esa pobreza de carácter que los define.

Siempre es con aplausos y felicitaciones, no conocen otro modo, no digo que esté mal, claro que no, lo que sí está mal es que no hayan tenido en tantos años un acto de rebeldía ni hayan podido ensayar un solo gesto de disidencia ascendente, siempre es con obediencia debida, los consume el ritual de la genuflexión constante.

Yo, lo noto ahora, ni bien suba esto que escribo, que, de quienes se dicen de mi partido, no serán capaces de poner un “me gusta” ni de dejar un comentario, se sienten heridos, tocados en su conducta, yo lo lamento por ellos, que no puedan tener la libertad de hablar y opinar con el coraje que todo funcionario o dirigente debe portar como cualidad.

Luego, cuando los cruzo o los veo, entiendo el vacío que me hacen, no es que los justifique, solo interpreto lo mal que deben sentirse al verse expuestos en su infinito letargo, creyendo que nadie percibe lo que denotan sus conductas cooptadas salarialmente, que aplica férreas mordazas que truncan sus capacidades y son lo que sobrevive.

Tengo reparo de ellos, presumo que sus convencimientos son solo convenientes, que olvidan las premisas del partido y solo siguen a los hombres, por eso jamás pudieron trascender con una mirada distinta, con una propuesta que vaya por otro camino, no, porque ellos mismos no se lo permiten, se limitan como una manera de asegurar su continuidad.

Es el arte naif de la obsecuencia, prestos a sostener cualquier locura si se lo mandan, a inmolarse si fuese necesario, destaco su capacidad de acatamiento y reclamo otros gestos: mayor apertura intelectual, permeabilidad a las críticas, rebeldías, sí, un político, un funcionario, un dirigente o un militante sin rebeldías no tiene contenido para construir utopías.

Yo no me corro de mis miserias y mis errores ni los escondo tampoco, pero le escapo a quienes dejaron de ser revolucionarios por un carguito, se ve que apenas tenían utopías materiales personales y fueron por ellas, el tema es que ciertas conductas contradictorias difieren mucho en el tiempo y se torna muy difícil sostenerlas con decoro.