En busca del país definitivo

En busca del país definitivo

Por Estela María Dos Santos

Según la mitología griega, Casandra, (hija de los Reyes de Troya), pactó con Apolo, obtener dotes de adivinación, a cambio de un encuentro íntimo. Cuando obtuvo tal poder, Cassandra, no cumplió con su promesa, y Apolo, enamorado y humillado, le escupe la boca y la maldice, diciéndole que nunca nadie creerá en sus profecías.

Ella advirtió la trampa que representaba el Caballo de Troya, pero nadie creyó en ella, y así fue como la ciudad fue tomada. Su familia creía que estaba loca, que exageraba, que era una fanática.

Como en el mito griego, al peronismo, algún dios de barro y resentido, parece haberle arrojado tal maldición. Estamos condenados a una lucha en varios frentes. Al político, al moral, al fantasma que otros nos endilgaron.

Tal vez sí, por qué no, en el afán de instalar el modelo, Perón, como todo revolucionario, que ningún cambio permanente puede conquistarse plenamente, con una simple sonrisa.

Todo nuestro pasado, se ha forjado y definido, a sangre y espada. Sin embargo, en pleno siglo XX, se utilizaban otras armas y el exilio era una de ellas, puesto que luego también lo padeció el propio Perón.

Que si es bueno o malo reconocerlo, bueno, no lo sé, no lo es para mi, es más bien imprescindible para el análisis. Sin embargo, quienes hicieron uso y abuso de tales acciones, y de otras, muchísimo más graves por donde se las mire, no maldijeron al peronismo por ello, sino por lo que sabían, cabalmente, que el peronismo, les había quitado para siempre.

Cambiamos, sí. Cambiamos una "caridad" psicópata, por derechos universales, como salario digno, jornada laboral, vacaciones, aguinaldo, horas extras, vacaciones. Cambió para siempre la limosna y se constituyó un Estado presente, que le lleva a la oligarquía, 70 años tratando de desmontarlo.

Y no pueden, aún hoy, ante tanto vaivén y barbarie, no pueden. ¿Y porqué no pueden? Porque la maldición que les escupe la boca a ellos, es la de revivir el peronismo cada vez que creen que lo han vencido, con toda clase de mentiras, de traiciones, de vilezas impensadas, de ese odio que los carcome, de esa frustración, que es un reconocimiento, al fin y al cabo, de la victoria peronista.

El fenómeno del siglo XXI, es el efecto de la movilidad social, que promovió el peronismo. Esas generaciones de profesionales, producto del acceso a la universidad pública y gratuita, pierde en parte, su identidad popular, en pos de una vanidad, finalmente no retribuida.

La oligarquía escupe en la boca del ingrato, y el peronismo vuelve a recrearse, automáticamente. La pregunta del millón, es ¿Podemos seguir en este constante avance-retroceso? ¿Es el odio de clase político el único combustible "espiritual" posible?

Necesitamos discutir un modelo de país definitivo, sin arbitrariedad, sin chicanas, sin este negativismo político, cuyo motor es el voto "anti". Por paradójico que parezca, el PRO, es anti. Anti patria, anti soberanía, anti verdad, anti derechos, anti dignidad, anti vida.

Y ese debate sigue pendiente, tan ocupados estamos por escapar del gobierno del ensañamiento, por reconstruir lo que ellos destruyen con la ilu(obse)sión de deconstrucción del peronismo.

Estamos en una crisis, según dicen, similar a la de los años 30. La década ganada vs. la década infame. Dicen que el rol del militante es convencer al otro. Hoy por hoy, urge más vencer que convencer.

Estamos incluidos en el mundo, porque esta problemática, es mundial. Y nosotros aquí, entre el agobio y la esperanza, entre la tristeza y la alegría, con esta energía inmensa de volver, siempre volver, y romper la maldición, y que Cassandra ame a Apolo, instalando, al fin, el peronismo como forma de vida.