La ficción del arrepentimiento

La ficción del arrepentimiento

Lic Raúl E. Valobra

En cerebros sin capacidad de digestión todo el tonelaje de odio que reciben de los medios hegemónicos y de la derecha se vuelve un elemento tóxico que sus organismos no pueden procesar ni sintetizar y entonces deben vomitar, expulsar, lanzar, arrojar, algunos con insultos, otros con pintadas o pancartas, bolsas mortuorias, guillotinas y algún otro lo hace con un revolver.

“Esos chicos son como bombas pequeñitas”, dice el Indio Solari en una de sus canciones más emblemáticas que parecía definir y anticipar a este conjunto de individuos que todo el día son inoculados con odio, visceral y concentrado, para que luego salgan a la calle a destilar ese veneno interior contra todo aquello que hable del Kirchnerismo, Peronismo o Populismo.

Este loco que empuñó un arma contra la vicepresidenta no se trata de una aparición casual y fortuita, es una creación, una búsqueda, un engendro de tantos periodistas y políticos que insistieron en derramar en los medios afines sus discursos preñados de ODIO, acusaciones infundadas, denuncias falaces, ataques sincronizados, causas armadas; y la siembra dio su fruto: un magnicida.

Luego, todo lo que sobrevino a este brutal atentado es del mismo tenor de patético y asqueroso, tanto como las imágenes del homicida cuando gatilla sobre el rostro de Cristina, porque escuchar, leer y ver a la oposición justificarse, a los periodistas victimizarse y a sus seguidores negar los hechos, nos planta frente a un escenario que nos hace entender que no existe en ellos el arrepentimiento ni la culpa.

Pero no termina todo allí, claro que no, porque el entramado de contubernios judiciales nos sitúa en un escenario de desamparo, donde nada podrá ser probado si es que este sujeto fue un sicario contratado por alguien, ya que se anuncia que podrían perderse todos los datos por el “error” en la manipulación por parte de quienes debían analizarlo para investigar sus posibles vinculaciones políticas.

El estupor les duró poquito nomás, cuando entendieron que vacilar ante lo inapelable de una realidad palmaria, los haría retroceder políticamente y darle territorio al Peronismo, entonces se sacaron las caretas de buenas personas y volvieron a ser los monstruos abominables y temerarios que siempre han sido; describir sus hazañas es reiterar todas las tragedias del pueblo argentino.