Y no. No estoy para nada de acuerdo con el documento de Cristina
Demetrio Iramain
Su texto, más que una propuesta analítica, es una bomba neutrónica hacia el interior del peronismo, arrojada, paradójicamente, en nombre de la "unidad" y para evitar su "balcanización".
Más que divagar sobre si está escrita o no con "el diario del lunes", tenemos que hacer el ejercicio de recordar lo que Cristina dijo en "el diario del viernes", en la villa 31, el 25 de mayo de este año.
Ese día, en el barrio Saldías, Cristina planteó que el peronismo perdería las elecciones.
"Me permito dudar seriamente que la gente vuelva a votar al peronismo", dijo.
Casi 4 meses después, Axel Kicillof revirtió ese presagio. Y en octubre, por apenas medio punto, se quedó a la puerta de un triunfo, que no obstante significó la mejor elección del peronismo bonaerense en 20 años.
¿Qué necesidad de vender cara una derrota, que en rigor podría comprarse como un empate técnico?
Se festeja como un campeonato el cuarto diputado en CABA, donde se perdió por 50 a 30, y se maldice como un velorio el conteo en la PBA, donde metimos 16 diputados y renovábamos 15.
¿A qué se debe esa doble vara?
Cuando Cristina asumió la presidencia del PJ dijo hacerlo con un objetivo: ordenarlo. Definitivamente, eso no ocurrió. Más bien lo contrario.
Entre los gobernadores que citó como ejemplos, por haber ganado la elección de medio término a nivel nacional y a solo efecto de contraponerlos con Axel Kicillof --a quien ni siquiera nombra--, hay mandatarios convocados por el gobierno a su postal vencedora registrada ayer, votantes de la Ley Bases y firmantes del Pacto de Mayo.
En ninguna de esas tres claudicaciones realizadas con votos peronistas estuvo Axel, a quien, sin embargo, Cristina le atribuye en soledad la responsabilidad plena por el empate técnico en la PBA.
Si bien Cristina pondera el factor miedo, nada se pregunta sobre el impacto en el resultado que podría haber tenido el sistema de votación con boleta única.
Tampoco se detiene en el voto de los extranjeros residentes, que votaron masivamente al peronismo el 7 de septiembre y no pudieron hacerlo el 26 de octubre, y que sufrirán por igual las políticas regresivas de Milei.
Por lo demás, el voto antiperonista no se agrupó recién en octubre. Ya había sido convocado en septiembre.
¿O se olvidó Cristina que la consigna de LLA el 7/9 fue "Kirchnerismo nunca más"?
¿No se habría activado ese voto aún más vigorosamente si Cristina hubiera estado en la boleta de la tercera sección electoral, como finalmente no ocurrió por la injusta y proscriptiva condena confirmada por la Corte?
Y esa especulación, ¿dónde termina?
¿Acaso en la idea de que la figura de Cristina potencia muchas resistencias antiperonistas en un electorado sumamente violentado por la extorsión de Trump, la amenaza de Bessent, y el temor vital a perder lo que ya no dispone?
Lo que busca el mensaje de Cristina, creo yo, no es aportar su visión "sobre lo que viene y lo que hay que hacer", como dice.
El objetivo es, ahora sí, provocar una ruptura. Y lo digo con dolor.
Si algo Cristina conoce muy bien es el efecto de sus movimientos y el impacto que han de tener sus palabras.
Midió durante una semana esa comba y decidió jugarla hoy, horas antes de una reunión convocada por Axel junto a decenas de intendentes bonaerenses, para condicionarla.
Ahora vemos que la propuesta de Teresa García, respecto de poner a disposición del gobernador todos los cargos ministeriales en el gabinete de Axel, era el primer movimiento de una sinfonía mayor: provocar una crisis total en el peronismo, donde lo que había era una necesidad muy profunda de discutirlo, no de romperlo. De alentar la creación de nuevos liderazgos, no de obturar al único que viene con fuerza y resultó victorioso hace sólo 6 semanas.
Son las más agrias separaciones: cuando un cónyuge hace todo para que quien dé el paso decisivo en el divorcio sea el otro.
Una lástima. Porque el pueblo está sufriendo mucho.
A Cristina la queremos libre. Pero también queremos libre a nuestro pueblo. Y eso no se consigue destruyendo la única herramienta efectiva que tenemos para lograrlo: el peronismo.













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