Derecha sincerada y con olor a colonia

Derecha sincerada y con olor a colonia

 Lic. Raúl E. Valobra

 

 Es asombroso que para la derecha argentina o de argentina, para ser más preciso, no sienta alegría, satisfacción y orgullo por la inauguración de ayer del gasoducto Néstor Kirchner, rumbo a la soberanía energética, y solo se encuentren perturbados por el nombre Néstor Kirchner, es muy pobre como propuesta de un espacio político con pretensiones de gobierno, discutir el hecho aislado que refiera a su nominalidad sin mencionar siquiera los modelos que entran en disputa: el de país, expresado en esta inauguración y el de colonia, que ellos representan.

 Acaso no es necesario debatir primero si nuestro proyecto de país puede ser alcanzado con el cipayismo entreguista de quienes solo lanzan amenazantes proclamas: “esto conmigo se acaba”, cuando hablan del derecho a manifestarse de la población, “hacen falta balas”, sostiene otro de sus candidatos y alguno hasta se atrevió a decir que “agarraría la Villa 31 con un lanzallamas”, aunque no menos inquietante son las declaraciones sobre los derechos laborales y una nueva flexibilización laboral o el fin de las indemnizaciones.

 Sin embargo, como valor positivo de esta rancia y anquilosada derecha, debo decir que NUNCA fue tan sincera, tan frontal y audaz, ya que exhiben obscenamente su macabro plan de gobierno si gana las elecciones, en el cual anuncian garrote, ajuste, persecución y cárcel para todos los que no estén de acuerdo con la entrega del país, tal cual lo hizo Macri en sus cuatro años, con la invaluable complicidad de gran parte del poder judicial, actor fundamental de toda la barbarie que acompaña al neoliberalismo y su impunidad manifiesta.

 Bullrich, Morales, Larreta, Murphy, Lombardi, Ritondo, Santilli, entre otros, son algunos de sus candidatos, alienados fielmente con el ideario del poder económico que viene por todo lo que no alcanzaron a destruir y expoliar del 2015 al 2019, esta vez sin miramientos ni dobles discursos, confesando abiertamente su plan de exterminio masivo de nuestros derechos, si el ecléctico electorado argentino decide brindarle su apoyo, algo que suena a locura pero que tiene un trágico antecedente que lo torna probable, aunque para cualquier persona con racionalidad y coherencia pueda ser visto como descabellado: esclavos votando por sus verdugos.

 Nunca serán nombres en escuelas, en universidades ni hospitales, nunca los recuerda un gasoducto o una autopistas y no es por capricho ni por estigmatización discriminatoria, se trata de un motivo fundamental: jamás hicieron una obra que beneficie al país y todo lo que realizaron cuando les tocó gobernar fueron negociados que siempre terminamos pagando el pueblo, con sacrificio y dolor, mientras ellos celebraban.