ROMANCE ENTRE LA DERECHA Y EL CINISMO

ROMANCE ENTRE LA DERECHA Y EL CINISMO

Lic. Ráúl E. Valobra

El romance de la Derecha y el Cinismo no conoce límites ni tiene parangones, aún nos estremece el silencio cómplice sobre el intento de magnicidio contra la Vicepresidenta Cristina Fernández, del cual existen sospechas, indicios y pruebas sobre la participación de algunos de sus integrantes, sin embargo, salen ahora a condolerse por los muertos del Covid y el monumento de piedra que dicen haber erigido.

Se sienten ofendidos por los dichos de Gabriela Cerrutti, en referencia a “esas piedras”, en una descripción lineal, literal y desadjetivada, que ofende la moral y buenas costumbres de la gente bien de “esa Derecha” que durante meses hicieron todo lo posible para que muera más gente en plena pandemia, sí sí, así como se lee, nada tan loco, cínico ni descabellado.

Esta gente que hizo marchas, fue antivacuna, anticuarentena, que se opuso a todas las restricciones y recomendaciones que el gobierno estableció para cuidarnos y salvar vidas, marcharon con guillotinas, bolsas mortuorias y hasta con flota flota para denostar las políticas sanitarias en plena pandemia; y lo más terrible y despiadado de su locura: amenazaron con un juicio por envenenamiento al presidente por la campaña de vacunación, considerada hoy la mejor de nuestra historia.

¿Y ahora dicen ellos, los de la Derecha, que les duelen esos muertos, esos mismos a los que ellos empujaron en gran medida y tantas veces al contagio y la desprotección? ¿no sienten vergüenza ni pudor por tantas incoherencias exhibidas obscenamente, en las que desnudan sus más perversas y manifiestas hipocresías? ¿creen que la gente olvida que mientras el gobierno buscaba salvar vidas, ustedes solo pensaban en sus bolsillos diciendo “que muera el que tenga que morir”?

Trato de hilvanar hechos grotescos que se sucedieron en los dos años de pandemia y llueven a granel, se caen por todos lados, los que pidieron abrir escuelas y mandar sus hijos al colegio sin preocuparse por la salud de los niños ni las consecuencias ante un posible contagio, esta Derecha que aplaudía a los enfermeros, que tiempo después los querían echar de los edificios por temor a que se sean propagadores del virus; y a los que hoy no quieren darles el aumento ni el reconocimiento que reclaman y merecen.

Es muy difícil digerir esta dosis de locura, se traba en la garganta, no avanza, porque todo debe tener un límite, es necesario que la sociedad pueda desenmascarar la falacia discusiva de quienes hoy se golpean el pecho fingiéndose compungidos por esos muertos, por quienes no soltaron nunca una lágrima, es difícil no reaccionar ante la flagrancia de sus infinitas contradicciones, yo no me sumo a esta enfermedad colectiva y clasista, porque el odio no tiene cura.